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Ansenuza

Era de madrugada, las fotografías revelaban un mundo sin igual, otra vez escapamos de lo turístico, despertaba dentro de una bolsa de dormir, respirando un viento suave salitroso, rodeado de la neblina que se hacía notar, abrasadora muy opaca en los márgenes de la laguna, en aquella madrugada, la viejas construcciones reflejaban su silueta, para nuestra sorpresa me pareció ver al niño de una sonrisa grande con la bicicleta que nos apareció por la tarde, nos seguía con su rodado, durante varios metros de caminar por la costanera que aún no había sido construida, ni mucho menos Miramar estaba preparada al turismo como lo es ahora, además de que ya no se observan estas ruinas edilicias que menciono en este relato, hoy todo yace bajo este “mar” con costaneras y hoteles, hasta se diseñó una playa.

Ahora está bajo el agua lo que fotografiamos sorprendidos, era manto un blanco de árboles secos por la sal y la arena negra, como un bosque sin hojas que brillaba sobre un desierto negro, la imagen casi terminada, era aquella torre decrépita, como de tres plantas de altura, donde había algo negro con alas largas y puntiagudas, de cabeza pelada y ojos oscuros que miraba desde aquella altura entre los vestigios, y atrás los flamencos se elevaban lentamente rosados que alardean con sus largos cuellos y patas en cantidad mayúscula, posándose sobre las ruinas, nobles en su tierra, sacaban pecho sin dejar de estar atentos a nuestros movimientos, y todavía más atrás estaba el prestigioso viejo gran hotel Viena, donde surgen tantos mitos de nazis, pero al alejarnos de este paisaje lo cierto era todos aquellos ojos, hasta los del jote desviaban la mirada ahora hacia su tranquilidad natural.

Era una imagen de un mundo desolado llamativo para muchos, hizo que se filmaran algunas películas, una de ellas fue argentina como “El movimiento” que se estrenó en el 2015, se realizaron en este ambientado escenario de la naturaleza, donde, y para la imaginación, da pasos agigantados por mi cabeza.

Este gran fenómeno riquísimo de una variedad de efectos curativos para el cuerpo y como lugar para conocer y viajar es para no olvidar.

Por los años 70 a Miramar fue golpeada poco a poco por la crecida, tragando lentamente las orillas, La Laguna Mar Chiquita y el sistema de Bañados del Río Dulce creció dejando sólo ruinas de lo que fue Miramar, sepultó un parte del pueblo, que después de haber sido dinamitado se esconde casi perfectamente bajo este lago, pero aquella vez que fuimos, ya hace varios años todavía encontrábamos los vestigios, ruinas de gran parte de edificación destruida, aquello como mencione cerraba el escenario de nuestra visita a este misterioso lugar de agua y con esto también se suman aves y peces, que llegan y se nutren de una laguna que se agiganta, sin razones que se puedan explicar de forma simple, aquella maravilla no nos quedan tan lejos y vale la pena visitar, así como tantos lugares que menciono en estos textos, lo que importa es hacer el viaje, no tanto a donde.









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