Ir al contenido principal

El Impenetrable

La desolación termina donde concluyen los caminos, ponen al límite la tolerancia, la orientación, la capacidad física y psíquica de cualquiera. Pero más al límite puso al pequeño tráiler, que en dos ocasiones quebró los tirantes que se enganchan en el auto, por los latigazos de la tierra arenosa que lo acarreaba de un lugar a otro. Moribundo se paró, levantando un polverío caliente. En esos primeros segundos experimentamos una profunda desesperación, nos encontrábamos solos en medio del denso monte chaqueño.


Atardecer reflejado en el río Bermejo.

De Pampa de los Guanacos, ángulo superior derecho de Santiago del Estero, cruzamos a la provincia de Chaco, justo al norte, o más precisamente a la parte más espesa de la llanura chaqueña, llamada comúnmente como “El Impenetrable”. Nuestro viaje continúo por este sector con el propósito de conocer los caminos de los inmensos montes enigmáticos, también, para tratar de socializar con los pueblos originarios de estos lugares como los Qom, Wichis o Criollos del norte.


Varados en el norte del Chaco.

Puede resultar curioso, o exagerado, pero si tenemos que resaltar un fenómeno de esta travesía, apuntaríamos los mosquitos de inmediato. Estos insectos inquietos adornan y sostienen la dureza del paisaje, se ocupan muy bien en catar a cualquier ser de sangre caliente que se les cruce. Todavía recordamos cuando descendíamos del carro y revoleamos los brazos hacia cualquier parte junto con algún insulto.

El sofocante aliento de la tierra seca, polvorienta, los solitarios “chañar” (arbustos), los últimos “quebrachos” (blancos y colorados) extintos, los abundantes “espinillos” aun protegen la tierra exhausta, entre otra gran variedad de árboles valientemente autóctonos.

La tierra parece querer espantar o quebrar a los visitantes efusivos, mostrándoles su rostro más salvaje y huraño, quebradizo, marrón e infectado de sedientos mosquitos. La tierra parece querer no confiar más en el hombre.

En los extremos, Aníbal Santiago y Diego Raúl conviviendo con chaqueños.

Atravesamos el norte chaqueño, de sur a norte, hasta el límite con Formosa y recorrimos más de 300 km por caminos rectos de ripio, de tierra desabrida, otras pantanosas, con un clima abruptamente fastidioso.

Cruzamos desesperados cada pueblo, dejando un halo de polvareda que el castigado tráiler levantaba, como un “carpincho” que escapa del “puma” depredador. Nosotros escapábamos de la oscuridad, que rápida como una “vizcacha” nos alcanzaba. No era recomendable quedar atrapado en la oscuridad del monte.

Atravesamos los pueblos “Fuerte esperanza”, “Nueva Pompeya”, “Wichi”, “El Sauzal” y “El Sauzalito”, lugar donde acampamos junto al río Bermejo ubicado al límite con Salta. El río es lo que delimita la provincia de Chaco con Formosa.


Nos bañamos en el marrón bermejo, cenamos unos tallarines ahumados, descansamos al son de las “chicharras” y retomamos al medio día siguiente, con la alegría de dejar el insondable camino y continuar él viaja hacia Formosa. Pero desafortunadamente nos informaron que el único puente del río hacia Formosa era casi a 200 km cuesta abajo, a la altura de la ciudad de Castelli, nos sentimos frustrados y fatigados.

Teníamos que volver y retomar esos caminos infinitos, irregulares, custodiados por una muralla de impenetrables arboles entrelazados.

“Carlos” y su familia, “Parrilla” el gomero, el “Cacique Wichi”, fueron algunos de esos lugareños, que una vez más, nos alumbraron el viaje. Tan solo, con un apretón de manos y sus sonrisas, confortan algo del interior. Compartimos lindos momentos, distintos uno del otro, entre la hostilidad de esos caminos y la buena vibra que la amistad naciente deja. Ellos son verdaderos constructores, no destructores, de edificaciones, no de asfalto, sino de vínculos, de lazos verdaderamente humanos.

Llegamos a Formosa capital, al atardecer, donde el segundo grupo de herreros reparó nuestro muy golpeado carro. Luego ellos nos custodiaron hacia algún lugar de la capital para pasar la noche junto al río Paraguay, pero, después de dialogar con un “guaraní”, y saber de los contrabandos con barcazas desde Paraguay, decidimos inseguros descansar, acampando en una estación de servicio para retomar al día siguiente, hacia el país hermano.







El texto y fotos fueron realizados a cuatro manos por Aníbal Santiago y Diego Raúl Barrionuevo. Texto editado por Carlos Coronel Solís desde web www.heytabasco.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ho Chi Ming

La noche en la peatonal se volvía bellamente intransitable, había descendido de un aterrizaje en el aeropuerto Tan Son Nhat, fue un vuelo muy largo, me dirigía a un hotel en la zona céntrica de la ciudad, el edificio es angosto y alto en la peatonal Nguyen Thue, estaba en mi destino y casi al destino de la buena fe, había ido solo, no conocía nada, el recepcionista anciano con barba puntiaguda, se despreocupo por mi ignorancia, más adelante advertí que era de mala educación no quitarse los zapatos al entrar a una vivienda, afuera los vendedores se encimaban, el olor a fritura en el ambiente, los bares pegados uno al lado del otro, las calles alocadas con motocicletas a bocinasos, en ellas personas con barbijos, eran enjambres de cascos de colores que esquivabas al cruzar las calles. El calor y la humedad, te sofocaba el simple hecho de caminar entre puestos ambulantes en las veredas, entre esos edificios y barrios celosos de espacio, las sonrisas de los rostros de los vietn…

Asomándose a Pueblo Escondido

CÓRDOBA, Argentina. – Pareciera que los senderos, ásperamente reales, de inmediato te brindaran una bofetada para que te despiertes de un sueño profundo, carente de pensamientos auténticos. Pareciera que los caminos más largos, los menos fáciles, descartaran el confort de la ciudad cuadriculada, junto con la falsa realidad encuadrada por el entretenimiento de la tv.

Lo que queremos decir es que caminamos en la tierra, respiramos el viento, nos asombramos de la naturaleza, oímos nuestros propios latidos y tocamos las hierbas hasta llegar al límite.

Como cazadores de historias serranas, empezamos nuestro nuevo camino por senderos anaeróbicos y con mochilas muy cargadas, como si lleváramos en nuestros hombros una pesada culpa ajena que teníamos que expiar.

Desde el camino de ripio visualizamos la senda y recordamos las sugerencias de aquellos experimentados. La natural brújula nos orientaba para no pifiarle a las encrucijadas más fortuitas. Pero el dato certero eran otros aventurero…

Ansenuza

Era de madrugada, las fotografías revelaban un mundo sin igual, otra vez escapamos de lo turístico, despertaba dentro de una bolsa de dormir, respirando un viento suave salitroso, rodeado de la neblina que se hacía notar, abrasadora muy opaca en los márgenes de la laguna, en aquella madrugada, la viejas construcciones reflejaban su silueta, para nuestra sorpresa me pareció ver al niño de una sonrisa grande con la bicicleta que nos apareció por la tarde, nos seguía con su rodado, durante varios metros de caminar por la costanera que aún no había sido construida, ni mucho menos Miramar estaba preparada al turismo como lo es ahora, además de que ya no se observan estas ruinas edilicias que menciono en este relato, hoy todo yace bajo este “mar” con costaneras y hoteles, hasta se diseñó una playa.
Ahora está bajo el agua lo que fotografiamos sorprendidos, era manto un blanco de árboles secos por la sal y la arena negra, como un bosque sin hojas que brillaba sobre un desierto negro, la im…