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Entradas

Ansenuza

Era de madrugada, las fotografías revelaban un mundo sin igual, otra vez escapamos de lo turístico, despertaba dentro de una bolsa de dormir, respirando un viento suave salitroso, rodeado de la neblina que se hacía notar, abrasadora muy opaca en los márgenes de la laguna, en aquella madrugada, la viejas construcciones reflejaban su silueta, para nuestra sorpresa me pareció ver al niño de una sonrisa grande con la bicicleta que nos apareció por la tarde, nos seguía con su rodado, durante varios metros de caminar por la costanera que aún no había sido construida, ni mucho menos Miramar estaba preparada al turismo como lo es ahora, además de que ya no se observan estas ruinas edilicias que menciono en este relato, hoy todo yace bajo este “mar” con costaneras y hoteles, hasta se diseñó una playa.
Ahora está bajo el agua lo que fotografiamos sorprendidos, era manto un blanco de árboles secos por la sal y la arena negra, como un bosque sin hojas que brillaba sobre un desierto negro, la im…
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En el valle Calchaquí

Frente a la gran montaña del Rey, cerca de Amaycha del Valle, veníamos de caminos de tierra y humo con un sol agotándose poco a poco. Estaba atardeciendo sobre la antigua ruina de los Quilmes, casi intacta si no fuera por culpa de los vientos y algunos hombres que por beneficio propio y ajeno, la han ido modificando.


La piedra predominaba allí para hacer de las voces silencio sobre las escarpadas, roto a veces por un grito agudo, como se se tratara de las otras voces que años atrás cubrieron las ondulaciones, sucumbiendo enfurecidos, ensanchados o engrandecidos por la gloria en la que creían todavía en este valle de Tucumán.


– ¿Qué tal?, dijo mi compañero cuando salió a nuestro encuentro el señor de la garita.


– A cien metros está la playa de estacionamiento, el guía se va a encargar de informarles –rezongó el nativo.


– ¿Cuánto tarda la charla?, pregunté imprudentemente.


– De 10 a 15 minutos, después pueden recorrer libremente las ruinas.


Nos entregaron dos entradas, dos papeles cuadrados q…

Ho Chi Ming

La noche en la peatonal se volvía bellamente intransitable, había descendido de un aterrizaje en el aeropuerto Tan Son Nhat, fue un vuelo muy largo, me dirigía a un hotel en la zona céntrica de la ciudad, el edificio es angosto y alto en la peatonal Nguyen Thue, estaba en mi destino y casi al destino de la buena fe, había ido solo, no conocía nada, el recepcionista anciano con barba puntiaguda, se despreocupo por mi ignorancia, más adelante advertí que era de mala educación no quitarse los zapatos al entrar a una vivienda, afuera los vendedores se encimaban, el olor a fritura en el ambiente, los bares pegados uno al lado del otro, las calles alocadas con motocicletas a bocinasos, en ellas personas con barbijos, eran enjambres de cascos de colores que esquivabas al cruzar las calles. El calor y la humedad, te sofocaba el simple hecho de caminar entre puestos ambulantes en las veredas, entre esos edificios y barrios celosos de espacio, las sonrisas de los rostros de los vietn…

Asomándose a Pueblo Escondido

CÓRDOBA, Argentina. – Pareciera que los senderos, ásperamente reales, de inmediato te brindaran una bofetada para que te despiertes de un sueño profundo, carente de pensamientos auténticos. Pareciera que los caminos más largos, los menos fáciles, descartaran el confort de la ciudad cuadriculada, junto con la falsa realidad encuadrada por el entretenimiento de la tv.

Lo que queremos decir es que caminamos en la tierra, respiramos el viento, nos asombramos de la naturaleza, oímos nuestros propios latidos y tocamos las hierbas hasta llegar al límite.

Como cazadores de historias serranas, empezamos nuestro nuevo camino por senderos anaeróbicos y con mochilas muy cargadas, como si lleváramos en nuestros hombros una pesada culpa ajena que teníamos que expiar.

Desde el camino de ripio visualizamos la senda y recordamos las sugerencias de aquellos experimentados. La natural brújula nos orientaba para no pifiarle a las encrucijadas más fortuitas. Pero el dato certero eran otros aventurero…

El frío de los Gigantes

CÓRDOBA. Argentina.– Nos tomó dos días la aventura en Los Gigantes, una región montañosa enclavada al oeste de la provincia argentina de Córdoba, que presenta algunas de las cimas más elevadas de las llamadas Sierras Grandes.

Salimos un sábado con la primera luz de la mañana hacia Tanti, Departamento de Punilla, en la misma provincia de Córdoba, claro, acompañados de mate, música y charlas. Hacía tiempo que no veía a Aníbal, mi incansable compañero de viajes, que ya estaba esperándome con sus mochilas y, bajo el brazo, el termo para el mate.

Paramos en una estación de servicios a preguntar por el camino, inflamos los neumáticos y no paramos hasta el destino. Recorrimos menos de veinte kilómetros bajo un cielo casi abierto, por un camino angosto, de caseríos de pueblos de campo, con perros y carros, puestos de quesos, pan casero y turistas con anteojos oscuros en autos nuevos.

Divisamos curiosos Los Gigantes, un cordón montañoso que se extiende por varias localidades y que es visto como…

El Impenetrable

La desolación termina donde concluyen los caminos, ponen al límite la tolerancia, la orientación, la capacidad física y psíquica de cualquiera. Pero más al límite puso al pequeño tráiler, que en dos ocasiones quebró los tirantes que se enganchan en el auto, por los latigazos de la tierra arenosa que lo acarreaba de un lugar a otro. Moribundo se paró, levantando un polverío caliente. En esos primeros segundos experimentamos una profunda desesperación, nos encontrábamos solos en medio del denso monte chaqueño.


Atardecer reflejado en el río Bermejo.

De Pampa de los Guanacos, ángulo superior derecho de Santiago del Estero, cruzamos a la provincia de Chaco, justo al norte, o más precisamente a la parte más espesa de la llanura chaqueña, llamada comúnmente como “El Impenetrable”. Nuestro viaje continúo por este sector con el propósito de conocer los caminos de los inmensos montes enigmáticos, también, para tratar de socializar con los pueblos originarios de estos lugares como los Qom, Wichi…

La tierra sin agua

La iglesia monacal se imponía ante nuestra vista con una rústica y húmeda fachada. En la plaza también de ladrillos mohosos y mucho césped, se dispersaban casitas coloridas que trasmitían un tiempo de otro tiempo. Estábamos en Ischilin, la tierra sin agua.

Fotografiamos con frío aquel paisaje más parecido a un pueblo fantasma, que escasamente convencía nuestra hambre aventurera por lo natural, real o nuevo. Caminamos buscando observar algo que nos interrogara, que despertara nuevamente la hazaña de lo original. Como forasteros insistimos siempre en apropiarnos de algo auténtico y espiritual.



En el horizonte las calles solitarias se fundían con el campo y la niebla. En muchas casas los techos son de lámina, pero se cubren con palma seca de guano para refrescar los interiores modestos. En algún tiempo estos territorios del noroeste de la provincia de Córdoba fueron importantes por ser paso natural obligado hacia las sierras centrales argentinas, y por su riqueza salina.

Algunas construccio…